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Cremallera

Visita a Montserrat

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Cuando un grupo visita Montserrat y pide subir des de Barcelona, visitar el Santuario y volver en cinco horas y a veces hasta en 4, pienso: que lástima emplear tanto tiempo para ir a Montserrat y luego visitarla tan rápido.

Montserrat no solo tiene valor por su vertiente religiosa, que la vincula al pueblo catalán y a su historia, sino por la montaña en si.

Una vez, un turista me comentó: “que paz se respira aquí”. ¡Es cierto! por ejemplo algunos vecinos del pueblo costero de Calella se encuentran aquí tres días al año para reforzar sus vínculos. Otros, cuando se casan, deciden pasar unos días de paz en la montaña antes de irse de viaje a la otra punta del Mundo.

En mi opinión uno no solo debería visitar el camerino de la Virgen y oír la escolanía (video). Uno debería vivir la montaña. Al santuario se puede llegar por carretera. No diré de subir a pie como hacen muchos peregrinos, pero lo hace mucho más atractivo alcanzarlo con el teleférico o con el tren cremallera que nos hace estar más en contacto con la montaña.

Al llegar, yo no puedo resistirme a una porción de “Mel i Mató”. Tradición familiar que empezó mi madre cada vez que subíamos a la montaña. El queso y la miel son productos elaborados por los campesinos de la zona, que suben cada día a vender sus productos.

Y después de mi desayuno las opciones son varias: yo siempre aconsejo subir a lo más alto de la montaña con el teleférico de Sant Joan. Des de allí parten varios caminos para todo tipo de piernas: des de los que duran 20 minutos y en llano, hasta los que te llevan a ver las ermitas que hay en la montaña, la más lejana la de Sant Jeroni. Solo por las vistas sobre toda Catalunya merece la pena ir hasta allí. Nunca dejará de sorprenderme la fraternidad de la gente cuando se encuentra en la montaña: “Bon dia!” se dicen.

De vuelta, ahora que hemos formado parte de la montaña, quizás apreciaremos de un modo diferente los cantos de la Escolanía. Podemos ir a visitar a la Virgen, ver la espada de San Ignacio de Loyola o la sala de los exvotos. Si es de vuestro agrado, dejad una vela a la Virgen con vuestras plegarias. Y si de la mano del guía hemos conocido un poco mejor Catalunya, sus costumbres y su historia, que mejor que conocer la cocina catalana comiendo unas “Mongetes amb Botifarra” en uno de los restaurantes del lugar.

Después de comer nos relajará el museo de Montserrat con obras que van desde el gótico hasta el modernismo o el arte contemporáneo.